domingo, 5 de octubre de 2014

ALBERTO FUJIMORI PRESO POLÍTICO (1)

ALBERTO FUJIMORI PRESO POLÍTICO

¿Cuál sería el arma de los detractores y onegés contra Fujimori?

 Porque gobernó con Autoridad un país que estaba a la deriva, le tildan de Dictador.- según ellos limitaban las libertades, pero soslayan que se realizó en aras de la Seguridad Social. 

Timothy Garton Ash en un artículo para el diario El Comercio 23/nov/2007 analiza "Matar la libertad en nombre de la Seguridad" "En todo el mundo Occidental, las libertades tradicionales sufren restricciones, hay personas detenidas sin que medie ningún juicio, la libertad de expresión se ve aplastada (...) Por desgracia, es el Estado británico, Gran Bretaña tiene hoy en día la sociedad más vigilada de Europa (...) 'Estamos renunciando a demasiadas libertades para ser libres'".


Su amigo

DR. PABLO ALBAN

MATAR LA LIBERTAD EN NOMBRE DE LA LIBERTAD
TIMOTHY GARTON ASH
(Timothy Garton Ash es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Oxford. Ha sido galardonado con el Prix Européen de I’Essai. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Diario “El País”, SL/Timothy Garton Ash.Prisacom. Exclusivo para el diario El Comercio en el Perú. (25/XI/2007)
Smiley meció lo que quedaba de brandy en su copa y murmuro: “Hemos renunciado a demasiadas libertades para ser libres. Ahora tenemos que recuperarlas. Esta advertencia del legendario jefe de espías sobre el exceso de interferencia y de poder de las redes estatales de seguridad nacional que construimos en el autodenominado ‘mundo libre’ durante la guerra fría aparece en la novela de John Carré “El peregrino secreto”, publicada en 1991. Sin embargo, en vez de recuperar esas libertades, hemos perdido todavía más. En todo el mundo occidental, hoy son mucho más los datos personales nuestros que están en manos del Estado y de compañías privadas, las libertades tradicionales sufren restricciones, hay personas detenidas sin que medie ningún juicio, la libertad de expresión se ve aplastada.
Por desgracia, uno de los peores infractores, de los menos preocupados por las libertades de sus ciudadanos, de los más derrochadores a la hora de vigilar, es el Estado británico, Gran Bretaña, qu en otros tiempos se llamaba así mismo, con orgullo, “la madre de las libertades”, tiene hoy la sociedad más vigilada de Europa. El país que inventó el habeas corpus dispone hoy de unos de los periodos más largos de detención sin cargos del mundo civilizado. Y los guardianes de nuestra seguridad quieren prolongar ese periodo todavía más. Al mismo tiempo, esos guardianes no son capaces que tienen a inmigrantes ilegales trabajando en sus propias oficinas (en un caso, al parecer, incluso arreglando el coche del primer ministro, con todas sus medidas de seguridad), ni de detener en Londres a un presunto terrorista (que resultó ser un brasileño completamente inocente) sin meterle un tiro en la cabeza. La compulsión sin parar va unida a paroxismo de ineficacia asombrosa ¿Alguien se le ocurre una fórmula mejor para sacrificar la libertad sin ganar seguridad? Smiley debe estar removiéndose en su tumba. O si, como se rumorea a veces, sigue viviendo tranquilamente en Cornualles con otro nombre, entonces necesitamos volver oír su voz: “Estamos renunciando a demasiadas libertades para ser libres”. Tenemos que recuperarlas”.
El trocamiento de nuestras libertades civiles, incluido nuestro derecho a la intimidad, tiene dos causas, por lo menos. Una es el espectacular crecimiento de las tecnologías de la información, la comunicación, la observación y el registro de datos desde la época de Smiley hasta hoy. La otra es la amenaza de terrorismo internacional, sobre todo el terrorismo yihadista, que se hizo drásticamente visible en los atentados de Nueva York, Madrid y Londres. Incluso aunque no s hubieran producido los horrores del 11 de setiembre  y el 7 de junio, la información personal almacenada en servidores informáticos, historiales de teléfonos móviles, bases de datos de tarjetas de crédito, vídeos de circuitos cerrados y otros dispositivos semejantes habría aumentado enormemente. Incluso sin esa explosión de la posibilidades tecnológicas al alcance del Gran Hermano, tanto público como privado, los atentados terroristas habría provocado el refuerzo de la seguridad.
Pero lo que resulta más alarmante es la combinación de los dos factores. Y el Reino Unidos tiene el triste honor de estar en cabeza del mundo democrático en ambos frentes. El comisario de información de Gran Bretaña, Richard Thomas, dice que los británicos ya han entrado, sin darse cuenta, en la sociedad de la vigilancia. El grupo de derechos humanos Privacy International, que observa las sociedades de la vigilancia en todo el mundo, dice que Gran Bretaña es la democracia que peor se comporta en este sentido. En el mapa que figura en su página web (www.privacyinternational.org), Gran Bretaña es el único país del mundo occidental que está coloreado de negro, como una “sociedad de la vigilancia endémica”, junto a la China comunista y la Rusia de Putín. Gran Bretaña cuenta con más de cuatro millones de cámaras de circuito cerrado (CCTV). Para finales del próximo año, está previsto que la base nacional de dato de ADN – la mayor del mundo- incluya la información de 4,25 millones de personas, es decir, uno de cada 14 habitantes. Según el último informe publicado, en el periodo de 15 meses entre enero de 2005 y marzo del 2005 hubo más de 400,000 solicitudes oficiales para que se intervinieran teléfonos y mensajes de correo electrónico. Están autorizando a hacer esas solicitudes nada menos que 795 responsables de la policía y los gobiernos locales. ¿Hace falta que siga?
Mientras tanto se aprueban, leyes tras leyes merman nuestros derechos internacionales, en nombre de la necesidad de combatir el terrorismo. Durante siglos, desde que se creó en Inglaterra a principio del siglo XIV, el derecho de hábeas corpus significaba que a un detenido había que acusarlo de algo o dejarle en libertad transcurridas 24 horas; en el 2004, se elevó es plazo a 48 horas; el año pasado, a 28 días; y la policía británica quiere volver a aumentarlo. En las demás democracias importantes, como ha demostrado hace poco el grupo defensa de los derechos civiles Liberty, ese plazo no es ni parecido, en general, a pesar de que se enfrentan a las mismas amenazas. En Canadá,  el límite de la detención sin cargos sigue siendo un día y en Estados Unidos es dos días; incluso en Turquía es de solo 7 días y medio.
Evidentemente, no debemos ser ingenuos. Los terroristas, tanto locales como internacionales, representan una verdadera amenaza, que es especialmente difícil de detectar. Si es verdad lo que dice el responsable del organismo británico de seguridad interior, M15, que puede haber unos 2,000 individuos así en el Reino Unido, debemos vigilarlos y debemos detenerlos antes de que actúen. El equilibrio entre libertad y seguridad es delicado. Ahora bien, en los últimos 10 años, Gran Bretaña se ha inclinado demasiado hacia el lado de la seguridad. Es más, esto no deja claro el alcance del error cometido: seguramente, al reaccionar de forma desmesurada y ganarnos la antipatía de gente que, en caso contrario, podría no habernos negado su apoyo, y al construir la sociedad de la vigilancia  -pública y privada- más tupida del mundo libre, hemos puesto en peligro nuestra propia seguridad.
Es importante preguntar por qué esta patria histórica de la libertad se ha inclinado de tal manera hacia la restricción de las libertades. ¿Son meros “reflejos autoritarios” del nuevo laborismo, como se dice con frecuencia? ¿O es precisamente porque nos consideramos una tierra de libertades antiguas y evidentes por lo que dejamos tan alegremente que nos corten alguna libertad tradicional que otra (aparentemente menores, todas ellas)? El mito  -mito que los británicos sostenemos sobre nosotros mismos- está tan asentado que no vemos cómo ha cambiado la realidad por debajo. Me parece curioso que Gran Bretaña, tal vez la sociedad más libre de Europa en el siglo pasado, tenga hoy la sociedad más vigilada de Europa, mientras que Alemania, un país con una doble experiencia de falta de libertad en el siglo XX como ningún otro (nazi y Stasi), sea hoy, según Privacy International, el menos vigilado.

Sin embargo, más importante que preguntarnos cómo nos hemos metido en ese lío es averiguar cómo salir  de él. Lo que necesitamos en Gran Bretaña – y tal vez no solo en Gran Bretaña – es un cambio de paradigma: de la libertad mediante la seguridad a la seguridad mediante la libertad. Ahora tenemos un primer ministro que presenta la libertad como un valor británico fundamental, tal vez incluso el más importante. Nos invita estudiar cómo “podemos escribir, juntos, un nuevo capítulo en la historia de la libertad de nuestro país”. Acepto la invitación. Empecemos por no ampliar el periodo de detención sin cargo ni un solo día más. Después, conviene que recortemos, no nuestros derechos, sino nuestro hinchado aparato público y privado de vigilancia. Un candidato a dirigir a los demócratas liberales, Nick Clegg, ha asegurado que prefiere ir a la cárcel ante que ofrecer los datos personales necesarios para el carnet de identidad proyectado, y el otro, Chris Huhne,  ha propuesto una ‘ley anti-Gran Hermano’. Unos comités de las dos cámaras del Parlamento va a presentar en los próximos meses un informe sobre la sociedad de la vigilancia. Los británicos debemos volver a ser lo que creemos que somos: uno de los países más libres de la tierra. Que empiece el contraataque.

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